Skip Main Navigation

El matrimonio y la familia

El matrimonio entre el hombre y la mujer es ordenado por Dios, y la familia es fundamental en Su plan de salvación y para darnos felicidad. La felicidad en la vida familiar tiene mayor probabilidad de lograrse cuando se basa en las enseñanzas del Señor Jesucristo.

Los sagrados poderes de la procreación han de emplearse sólo entre el hombre y la mujer legítimamente casados como esposo y esposa. Los padres deben multiplicarse y henchir la tierra, criar a sus hijos con amor y rectitud, y proveer para sus necesidades físicas y espirituales.

El esposo y la esposa tienen la solemne responsabilidad de amarse y cuidarse el uno al otro. El padre debe presidir la familia con amor y rectitud y proveer las cosas necesarias de la vida. La madre es principalmente responsable del cuidado de sus hijos. En estas sagradas responsabilidades, el padre y la madre, como compañeros iguales, están obligados a ayudarse el uno al otro.

El divino plan de felicidad permite que las relaciones familiares se perpetúen más allá del sepulcro. Se ha creado la tierra y se ha revelado el Evangelio a fin de que se puedan formar familias, y de que éstas puedan sellarse y ser exaltadas por la eternidad. (Véase “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, Liahona, noviembre de 2010, pág. 12; véase también LDS.org/topics/family-proclamation).

Referencias afines: Génesis 2:24Salmos 127:3Malaquías 4:5–6D. y C. 131:1–4.